Guillaume no se andaba Tuvo que matar al ama del cura. Se arrepintio de aquella muerte. Sir
Guillaume no se andaba con miramientos a la hora de matar mujeres, pero no
habia honor en aquellas muertes y no alentaba dicha carniceria a menos que las
mujeres presentaran problemas, y el ama del cura tenia ganas de guerra.
Sacudio a los hombres de armas de sir Guillaume, les empujo, les llamo hijos de
puta y larvas del diablo y el noble no tuvo mas remedio que acuchillarla, pues
no estaba dispuesta a aceptar su destino.
—Zorra estupida —dijo sir Guillaume, apartandose del cuerpo para hurgar
en el hogar. Alli se estaban ahumando dos buenos jamones—. Bajadlos —
ordeno a uno de sus hombres, y despues los dejo registrando la casa mientras el
iba a la iglesia.
El padre Ralph, que se habia despertado con los gritos de sus parroquianos,
se habia puesto encima la sotana y habia ido corriendo a la iglesia. Los hombres
de sir Guillaume lo habian dejado en paz por respeto, pero una vez dentro de la
iglesia, el sacerdote habia empezado a atizar a los invasores hasta que llego el
Arlequin y gruno a los guerreros para que lo sujetaran. Le agarraron los brazos
y lo sujetaron frente al altar blanco de Pascua.
El Arlequin, espada en mano, se inclino ante al padre Ralph.
—Mi senor conde —dijo.
El padre Ralph cerro los ojos, en oracion quizas, aunque mas parecia que
intentase controlar su ira. Cuando los abrio miro el bello rostro del Arlequin.
—Eres el hijo de mi hermano —dijo, y no sono desequilibrado en absoluto,
solo arrepentido.
—Cierto.
—.Como esta tu padre?
—Muerto —contesto el Arlequin—, como el suyo y como el tuyo.
—El Senor los tenga en la gloria —respondio el padre Ralph con piedad.
—Y cuando tu mueras, viejo, yo sere el conde y nuestra familia volvera a
alzarse.
El padre Ralph medio sonrio, entonces sacudio la cabeza y miro hacia
arriba, a la lanza.
—No te hara ningun bien —dijo—, pues su poder esta reservado a los
hombres virtuosos. No funcionara con escoria malvada como tu.
Y entonces el padre Ralph emitio un extrano gemido apagado, miro hacia
su estomago, y pudo ver que su sobrino habia hundido en el la espada. Se
esforzo por hablar, pero no emitio palabra alguna. Despues se derrumbo
cuando los guerreros lo soltaron, y se desplomo en el altar mientras la sangre se
encharcaba en su regazo.
El Arlequin limpio su espada en el mantel del altar manchado de vino, y
despues ordeno a uno de los hombres de sir Guillaume que buscara una
escalera.
—.Una escalera? —pregunto el hombre confuso.
—.No cubren de paja los techos? Pues tienen que tener escaleras. Encuentra
una. —El Arlequin envaino la espada y se puso a mirar la lanza de san Jorge.
—Le he echado una maldicion —susurro el padre Ralph. Estaba palido,
moribundo, pero sonaba extranamente calmado.
—Tu maldicion, mi senor, me importa tanto como los pedos de una
tabernera. —El Arlequin le lanzo los pebeteros de los cirios a uno de los
mercenarios, despues saco las hostias del cuenco, las miro y se las metio en la
boca de un punado. Cogio el cuenco, miro la superficie ennegrecida y penso
que no tenia ningun valor, asi que lo dejo en el altar—. .Donde esta el vino? —
le pregunto al padre Ralph.
online casino